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LOS SUBPRODUCTOS AGRÍCOLAS Y FORESTALES COMO MOTOR DE DESARROLLO ECONÓMICO

Este pasado octubre ha finalizado el proyecto Aprovechamiento de subproductos agrarios a la Terra Alta, proyecto que surgió como respuesta imperativa para hallar métodos alternativos para convertir los subproductos agrarios y forestales en actividad económica y generación de puestos de trabajo.


La secuencia del proyecto comenzó identificando y cuantificando los recursos aprovechables del territorio, explorando su potencial de desarrollo económico, para posteriormente implementar un modelo de gestión de biomasa que toma en cuenta toda la cadena de valor de este recurso. Además de la logística, también se ha considerado aspectos como la identificación de los agentes clave del territorio, fundamentos de la gestión de la biomasa forestal; tecnologías de pirólisis y empresas proveedoras de estas tecnologías; así como posibles vías de ayuda y financiación.


El potencial impacto de esta propuesta es notable: en términos económicos, se prevé que genere beneficios significativos e impulse la economía local; a nivel social, la creación de empleos directos e indirectos en áreas relacionadas con la biomasa y su gestión es uno de los grandes beneficios. Además, el proyecto contribuirá a la gestión sostenible de los bosques, la planificación forestal, la reducción del riesgo de incendios y la disminución de emisiones de CO2, teniendo así impactos positivos en el medio ambiente.


Las reflexiones finales del proyecto destacan la importancia de la integración vertical en la gestión de la biomasa, subrayando que la gestión forestal por sí sola no es una estrategia viable, sino que es crucial valorizar toda la cadena de valor de la biomasa, desde la recogida hasta su transformación y distribución.


Uno de los desafíos identificados es la necesidad de explorar y desarrollar nuevos mercados para la biomasa para asegurar una compensación justa a los propietarios forestales. Esto se puede lograr promoviendo el uso de biomasa como fuente de energía local, creando calderas comunitarias y fomentando el empleo local. El otro desafío es que, a pesar de la existencia de ayudas y subvenciones, se necesita un soporte técnico más activo por parte de las administraciones para asegurar que los propietarios forestales y los rematantes puedan aprovechar adecuadamente estas oportunidades de financiamiento.


En resumen, este proyecto ha sido un éxito y ha marcado un precedente positivo en la gestión de la biomasa en la Terra Alta. Este enfoque integral y colaborativo abre la puerta a futuras oportunidades económicas y contribuye a un uso más sostenible de los recursos forestales. La gestión de la biomasa es un desafío complejo, pero con iniciativas como esta, se puede lograr un cambio significativo hacia un futuro más sostenible.



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